Es como si estuviéramos viviendo una revolución dormida en los laureles, y donde sólo su líder máximo hace el trabajo que corresponde hacer a todos; es como si una modorra de flojera hubiese caído sobre este hermoso proyecto que lleva siglos de iniciativas y luchas donde centenares de venezolanos han entregado su vida. Es como si aún no nos hubiéramos percatado de la gran hazaña que después de casi 190 años, este pueblo valeroso del norte de la América del Sur ha logrado al haber desplazado del centro del poder político a la clase social, política y económica que desde mucho antes de aquel glorioso 19 de abril de 1810, ya se había entronizado y por lo tanto apropiado del territorio geográfico y humano de Venezuela. (Los españoles de origen, sus descendientes y el mantuanaje oligárquico de las provincias que conformaron la Capitanía General de Venezuela, luego declarada por los patriotas República de Venezuela, casi siempre fueron los mismos, o por lo menos los mismos apellidos, los mismos godos y liberales, llámense paecistas o monaguistas; centristas o federales, social cristianos o socialdemócratas, siempre han sido los mismos, los mismos antinacionales, quienes incluso llegaron a creerse herederos al estilo monárquico, especie de dueños y señores de un país que a punta de espada, lanzas y disparos de fusiles y cañones, con hombres y mujeres a caballo y a pie, echaron al invasor y ocupante de aquellos días).
Es necesario redimensionar el hecho histórico de cuando un pueblo compuesto mayoritariamente por los de abajo, ha logrado reivindicar la idea, el pensamiento preclaro de su padre libertador, al haber echado del epicentro de donde se genera el poder político a los casi capitanes generales, ahora especie de procónsules que desde Miraflores representaban las líneas y órdenes que desde el norte, más específicamente desde Washington, emanaron por casi un siglo.
Por eso llama a preocupación, el escaso interés que en algunas oportunidades se detecta en sectores que estando al frente de responsabilidades en los diferentes niveles de gobierno, nada hacen por la revolución, por hacer algo que se acerque a la idea que se tiene del Socialismo que con tanta pasión y amor proclama el líder máximo del proceso y muy por el contrario, casi llega uno a la conclusión de que están allí haciendo todo lo contrario. Son como especie de caballos de Troya, que desde adentro hacen contrarrevolución para que este proceso humanista que genera autodeterminación y libertad verdadera por primera vez a los venezolanos, se estanque o dé al traste, como lo buscan y desean quienes por siglos llegaron a creerse dueños y señores de este país. (Léase oligarquía parasitaria y sus amos de Norte América).
Y mientras esto sucede, la contrarrevolución hace su política harta de mentiras, critica y difama a diestra y siniestra, sin que por ninguna parte aparezca o salga vocero alguno de esos ministerios fantasmas que según dicen, hacen vida en los Estados de la República a dar la cara, les importara un bledo que la mediática haga trizas el buen nombre del gobierno nacional bajo la excusa de que: -"no estamos autorizados a declarar". Con funcionarios de ese talante, ciertamente para qué tener adversarios en la acera del frente, si ellos desde adentro hacen el papel de quintas columnas.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Revolución dormida en los laureles - Macario Sandoval
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